Brasil y Argentina navegan por aguas calmas, dejaron atrás las tempestades

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Medios brasileños anuncian que no cubrirán más a Bolsonaro en su residencia

Los presidentes de Brasil, Jair Bolsonaro, y de Argentina, Alberto Fernández, llevaban más de 11 meses sin hablar, concretamente desde que el último asumió la presidencia el 10 de diciembre pasado, hasta este último 30 de noviembre que se vieron vía ZOOM por motivo del día de la amistad entre las naciones hermanas.

Se trata del distanciamiento más prolongado de los últimos 35 años entre los líderes de los dos países desde la reanudación de la democracia en Brasil (1985) y Argentina (1983).

Sin embargo, los expertos en la relación bilateral enfatizan que la “retórica agresiva” como la que ambos presidentes utilizan hoy entre ellos no se había escuchado en la relación entre los dos gigantes sudamericanos desde el siglo XIX, cuando Brasil y Argentina comenzaron a acercarse después de haber dejado de ser colonias de Portugal y España, respectivamente.

Bolsonaro y Fernández han estado intercambiando ataques públicos desde la campaña presidencial argentina de 2019.

En ese momento, Bolsonaro defendió públicamente la reelección de Mauricio Macri, el oponente de Fernández, y predijo que, si el candidato peronista fuera elegido, habría un éxodo de argentinos a Brasil, como en Roraima, un estado “invadido” por venezolanos que huyen de problemas en su país.

Fernández respondió diciendo que celebraba que “un misógino y violento” hablara mal de él. El inusitado intercambio de críticas públicas continuó durante la nueva pandemia de coronavirus, una señal de que el diálogo bilateral parece distante. En sus frecuentes discursos sobre la importancia de la cuarentena para “salvar vidas” (en la cual fue un fracaso absoluto en todas las medidas tomadas) Fernández generalmente muestra gráficos que comparan el bajo número de muertes en su país en relación con las de otras naciones, incluido Brasil. Además, el presidente argentino citó al país de Bolsonaro al menos tres veces, directa o indirectamente, como un ejemplo que no debe seguirse.

“Estamos viendo lo que sucede en los lugares donde se ha priorizado la economía”, dijo, aludiendo al número de muertes de covid-19 en Brasil. Bolsonaro, por su parte, dijo a fines de mayo que el modelo de cuarentena argentino, con el empeoramiento de su crisis económica, debería evitarse. “Miren a nuestra querida Argentina ¿es eso lo que quieren?”, según reprodujo la prensa argentina.

Las diferencias ideológicas entre los dos líderes se reflejan en el ajedrez de la diplomacia regional, y por la presencia de Cristina Kirchner aliada de Lula.

Fernández apoya la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), creada en 2008 cuando Luiz Inácio “Lula” da Silva era presidente de Brasil, y a la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (Celac), creada en 2010 como una especie de heredera del Grupo de Rio.

También al Grupo Puebla, un foro “progresista” de líderes y exlíderes de izquierda de América Latina y España, y la relación explícita que tiene con el Magnate húngaro George Soros que le prometió que si cumplía las condiciones solicitadas en marzo y ganaba Bayden en EE.UU. como termino sucediendo, iba a interceder para solicitar créditos de EE.UU.

Bajo Bolsonaro, Brasil se retiró de Celac y Unasur, y lanzó, junto con otros líderes conservadores de la región, el Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur).

Fernández y su vice son cercanos a los adversarios de Bolsonaro, como el expresidente Lula. Durante su campaña presidencial, Fernández visitó a Lula en la prisión de Curitiba donde cumplía una pena por corrupción.

El pasado 26 de junio, ambos participaron en un evento virtual realizado por la Universidad de Buenos Aires (UBA).

“Querido Lula, no puedes imaginar cuánto te extrañamos como presidente. La relación sería diferente (con Argentina) y con América Latina”, señaló Fernández.

El presidente argentino criticó al capitalismo, destacó las “duras penas” que enfrenta la región y reforzó su lucha conjunta con su par mexicano, Andrés Manuel López Obrador, en la búsqueda de otros caminos.

La alianza política generalizada entre Argentina y México ha reemplazado a la asociación entre Argentina y Brasil, previamente vista como natural. Recientemente, Brasil retiró a su candidato a la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para no contradecir la iniciativa del presidente saliente estadounidense Donald Trump de poner a su propio candidato, rompiendo la tradición de mantener el órgano bajo el mando de un latinoamericano.

El gobierno brasileño dijo que vio la nominación estadounidense “positivamente”; Fernández, en cambio, criticó la “alineación regional” en torno al candidato de Estados Unidos.

La economía argentina caerá 9,9% en 2020, pero como la economía de Brasil también caerá más del 9% este año (según el FMI), el gobierno argentino puede argumentar que la cuarentena fue la mejor salida porque evitó muertes y el desempeño económico no será muy diferente del brasileño (que no tuvo una cuarentena nacional).

Fernández dijo que, si Argentina hubiera seguido el modelo brasileño para enfrentar la pandemia, su país tendría alrededor de 10.000 muertes pero siguiendo las propias supero los 30.000 una paradoja a las que nos tienen acostumbrados éste gobierno de “científicos”.

¿Pero cuáles son los efectos prácticos, en el área económica y comercial, de esta animosidad entre los dos gobiernos?

Jair Bolsonaro ha tomado una polémica estrategia para combatir la pandemia el covid-19.

“Lo que sucede ahora va en contra del proceso de asociación entre los dos países, una construcción que comenzó en el siglo XIX, cuando existía la desconfianza heredada del período colonial, y estábamos avanzando hacia una relación de confianza y transparencia que incluía el área nuclear, militar y comercial y la creación del Mercosur”, dijo el exembajador de Brasil en Argentina, Marcos Azambuja.

“No es que ahora exista un peligro de conflicto, pero la retórica del presidente brasileño sobre Argentina, de interferencia ya sea hacia la izquierda o hacia la derecha, no coincide con nuestra postura, nuestra tradición”.

Para los analistas políticos argentinos, la falta de diálogo no tiene precedentes, incluso desde antes de la restauración de la democracia argentina en 1983.

Incluso cuando Brasil entró en la Segunda Guerra Mundial, los canales diplomáticos entre los dos países no se suspendieron y nunca hemos visto agresiones entre los presidentes.

Brasil y Argentina tomaron distintas posturas en ese período: Brasil envió tropas para apoyar a los Aliados en Italia y Argentina optó por la neutralidad.

Alberto Fernández llegó a la presidencia de Argentina impulsado en parte por el apoyo popular de los sectores que respaldan a la expresidenta Cristina Fernández.

Durante los últimos regímenes militares ambos países coordinaron crímenes de lesa humanidad en el Cono Sur y con la reanudación de las democracias, bajo los expresidentes Raúl Alfonsín, de Argentina, y José Sarney, en Brasil, la relación comenzó a adquirir transparencia y un diálogo fluido.

La asociación entre los dos países, fue un eje estratégico, militar y comercial en la región.

Pero desde el 30 de noviembre se instaló una nueva mesa de diálogo, donde ambos presidentes se sentaron a conversar y dejaron atrás sus diferencias para seguir adelante. El fuego cruzado de declaraciones quedó zanjado pero siempre existe la posibilidad de que la vicepresidente Cristina Fernández meta el rabo y todo vuelva a foja cero.