Chile pone paños fríos a su estallido social para atender el Coronavirus

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Desde octubre del año pasado Chile ha estado pasando por momentos turbulentos. Las protestas que se dieron después de que el presidente Sebastián Piñera anunciara un aumento en las tarifas del metro, se transformaron rápidamente en manifestaciones a nivel nacional. Con el paso de los días Piñera cedió a las demandas de los manifestantes y el país comenzó a debatir sobre si redactar o no una constitución nueva.

En medio de todo esto apareció un invitado letal para el cocktail, el coronavirus. Por estos días el presidente  recibió un respiro del descontento que amenazaba a su gobierno. Los chilenos se han unido para enfrentar la crisis, y los manifestantes abandonaron sus puestos de lucha. A pesar del alto número de contagios que llegó estos días a 12 mil, la cantidad de muertos a raíz del virus sigue siendo baja, ya que el número llega a 168.

Pero Piñera aún no está fuera de peligro. Su gobierno va a tener que evaluar cómo proteger a las personas de bajos y medianos ingresos durante y luego de que pase la pandemia.

Antes del brote, y a pesar de que los líderes del partido aceptaron celebrar un plebiscito sobre si escribir o no una nueva constitución, la confianza en las instituciones públicas había tocado fondo. En los días de las manifestaciones, las encuestas mostraron que solo el 5% de los chilenos confiaban en el gobierno de Piñera.

El índice de aprobación de Piñera ha aumentado desde el 11% el 6 de marzo hasta el 21% hoy. Pero si bien las manifestaciones sociales se han detenido, es casi seguro que se debe al miedo al virus, en lugar de a la satisfacción con la respuesta del gobierno a sus requisitos.

La administración optó por enfrentar la pandemia enfocándose principalmente en medidas sanitarias, como controlar a los viajeros que llegan al país, para tratar de contener el virus. Pero a mediados de marzo, cuando ya no era posible detectar el origen de algunos casos, el gobierno fortaleció sus medidas para contener la propagación del virus.

El 18 de marzo, Piñera adoptó medidas de emergencia durante 90 días y cerró las fronteras de Chile. En los días siguientes, argumentando que no se respetaban las cuarentenas en el hogar, el gobierno adoptó un toque de queda nocturno y cerró teatros, gimnasios, cines, shopping malls e iglesias. Finalmente, el gobierno implementó un bloqueo para algunas áreas de alta incidencia y ordenó la cuarentena obligatoria a todas las personas mayores de 80 años.

La mayoría de esas medidas fueron bien recibidas, incluso si se consideraban insuficientes. Pero el gobierno también anunció algunas medidas de alivio económico, como transferencias de efectivo para personas sin empleo formal, el aplazamiento de los pagos de impuestos para las empresas y una nueva ley para regular los trabajos remotos.

La oposición se ha quejado de que estas medidas están orientadas principalmente al rescate de empresas, en lugar de proteger a los hogares vulnerables.

El 8 de abril, Piñera anunció nuevos pasos, incluidas medidas para proteger las actividades económicas garantizando una mayor liquidez a las empresas. También anunció la creación de un fondo para proteger los ingresos de los trabajadores más vulnerables, especialmente los informales.

Inicialmente, y fiel a su forma, Piñera y su ministro de salud, Jaime Mañalich, decidieron manejar la crisis a puerta cerrada, con la participación de unos pocos asesores muy cercanos. Esta falta de transparencia provocó fuertes críticas por parte de dos actores clave que exigieron participar en el proceso de toma de decisiones: la Asociación de Médicos y los alcaldes locales.

Por lo tanto, el virus ha reforzado la narrativa de la falta de transparencia de la administración y la prioridad que le da a las empresas de apoyo. También ha permitido una distinción aún más nítida entre el enfoque de Piñera y el de los políticos y burócratas a nivel local que han asumido roles principales en la respuesta a la crisis.

El resultado, por ahora, es que alrededor del 43% aprueba el manejo del coronavirus por parte de Piñera. Pero a Siches y a los alcaldes del país les fue mucho mejor lo que sugiere que muchos todavía son escépticos sobre el liderazgo del presidente.

Dos factores clave serán críticos en los próximos meses. Primero, un deterioro de las condiciones económicas, sin que el gobierno refuerce las redes de seguridad efectivas para proteger a los más vulnerables, particularmente a los trabajadores informales, esto puede reavivar el descontento social.

En segundo lugar, el riesgo de que los efectos del virus en la salud empeoren a medida que comienza en invierno, y los aumentos en la gripe estacional y las enfermedades respiratorias ejercen una presión adicional sobre los servicios hospitalarios del país.

El rápido crecimiento del virus en ese contexto pondrá a prueba el sistema de salud de Chile y la inestable tregua social que el gobierno está disfrutando actualmente.