La llegada del Coronavirus transformará a Latino América

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Sabemos que América Latina no está en el centro de la epidemia del Coronavirus, pero claramente tampoco es inmune. Llevamos casos confirmados en la mayoría de los países de Sur y Centro América con la excepción de Uruguay y Paraguay que hasta ahora no han reportado casos pero se espera que en los próximos días lo hagan.

Mientras tanto los mercados financieros también están cayendo aquí, en una región que ya estaba luchando con el crecimiento económico estancado y los disturbios políticos incluso antes de esta última crisis.

Todavía hay mucho que no sabemos y una de los temas más importantes referentes al virus es la verdadera tasa de mortalidad que este tiene. También tenemos que considerar la interrupción económica que causará o si será menos grave en los climas más cálidos y tropicales de América Latina. Pero no es demasiado temprano para pensar en las posibles consecuencias políticas, económicas y sociales para los más de 500 millones de personas de la región, y aquellos que invierten allí.

Por lo pronto podemos enumerar algunos de los problemas que este virus puede desencadenar en tierras latinoamericanas. El primero de los problemas es que muy posiblemente el virus vaya a crear más ira por la desigualdad.

Y es que en los últimos meses ya ha habido protestas desde Chile hasta Colombia y más allá, con la desigualdad como tema central, y todo esto sin que el virus aún estuviese presente.

Las clases medias han estado particularmente molestas por el acceso desigual a los servicios, incluida la educación y la atención médica. ¿Qué pasa si el Instagram de todos comienza a llenarse de largas filas y pacientes que sufren (o peor) en los pasillos de los hospitales públicos ya abrumados de la región, mientras que los ricos reciben un tratamiento decente en clínicas privadas?

Los brasileños llevan años mencionando que la asistencia sanitaria es el mayor problema de su país, y que lo es mucho más urgente que la corrupción, la delincuencia y el desempleo de dos dígitos. Los colombianos dicen que la atención médica es un problema aún mayor que el terrorismo y los grupos guerrilleros. Todos los sistemas de salud de América Latina aspiran a una cobertura universal, pero en la práctica solo se ofrece una cobertura parcial, como señaló un informe del presigioso London School of Economics.

Solo Costa Rica y Uruguay cumplen con la recomendación de la Organización Mundial de la Salud de que los países de ingresos medios y medios altos gasten el 6% del PIB en atención médica; México y Perú por ejemplo, apenas logran la mitad de eso.

En otras palabras, no tomaría mucho inclinar los sistemas de salud pública hacia un caos total, o avivar las llamas de la ira pública. La calidad de la atención en hospitales privados, como el Albert Einstein o el Sirio-Libanes en San Pablo a veces superan a los de Europa y Estados Unidos. En una era como esta, con gran parte del mundo occidental centrado en la brecha entre ricos y pobres, este contraste en el tratamiento podría convertirse en dinamita política, especialmente si la epidemia alcanza proporciones verdaderamente trágicas.

Otro de los problemas va a ser la mayor discriminación hacia los inmigrantes. Ya se estaba generando una reacción violenta contra la ola de migración sin precedentes que afecta a América Latina, liderada por los 5 millones de venezolanos que desde 2016 se han mudado al resto de los países de la región.

Todos estos recién llegados han competido con los locales, especialmente aquellos en la parte inferior de la pirámide social, por empleos y servicios sociales. En una encuesta de diciembre, el 69% de los colombianos dijeron que tenían una opinión “desfavorable” de los migrantes venezolanos; La desconfianza de los venezolanos en Perú aumentó al 68% en 2019 desde el 40% del año anterior.

Es fácil ver cómo el resentimiento y la xenofobia podrían empeorar, si se considera que los venezolanos o centroamericanos, en países como México, compiten con los locales por medicamentos escasos y camas de hospitales. El aumento del desempleo en los países de acogida puede tener efectos similares. Muchos observadores también se han preocupado de que el virus ingrese a Venezuela a mansalva donde debido a las condiciones precarias de sus hospitales y clínicas crearía un desastre humanitario y de salud pública. Eso podría aumentar el estigma para una población migratoria que ya lucha con enfermedades de transmisión sexual y de otra indole, y elevar la presión sobre los gobiernos para que intenten cerrar por completo las fronteras.

Tendríamos que considerar que va a ser un año aún más duro para las economías debido a este virus. Incluso cuando la economía global se fortaleció en los últimos años, América Latina apenas creció, logrando una expansión de solo 0.1% como región en 2019 (0.8% excluyendo Venezuela), según una estimación de enero del Fondo Monetario Internacional.

A los problemas de los últimos años que son la baja inversión, alta deuda, escándalos disruptivos y políticos inútiles y corruptos, las economías de América Latina ahora deben hacer frente a una desaceleración en el crecimiento global, los flujos de capital y, críticamente, el comercio. China, donde comenzó el brote, es el socio comercial número uno para Brasil, Chile, Perú y muchos otros. Los precios de los productos básicos que produce Sudamérica han caído, con un descenso de la soja del 6% desde su pico de enero, el cobre un 10%, la carne un 30% y el petróleo alrededor de un tercio incluso antes del escándalo del pasado lunes entre Rusia y Arabia Saudita.

No es de extrañar que muchos inversores globales estén especialmente interesados ​​en salir de la región: el real de Brasil llego a estar entre las monedas de peor desempeño días atrás. México, que depende del turismo, es la economía que más sufriría con el advenimiento de este virus ya que los aviones están comenzando a viajar vacíos, y además las aerolíneas están comenzando a cancelar indefinidamente sus vuelos desde y hasta determinados países como Italia y China a los que se le van a ir agregando algunos países más en el correr de los días.

A los países con economías más saludables, como Perú y Colombia, les puede ir algo mejor pero no estarán ajenos a esta parcial debacle que causará el coronavirus. Pero si la crisis se deteriora hasta el punto de que las fronteras se cierran en todas partes, sería un desastre no mitigado del que prácticamente ningún país estará a salvo.

Incluso para los estándares latinoamericanos, la política de los últimos años ha sido poco funcional, evitando las reformas que los países necesitan y ahuyentando a los inversores.

Es cierto que en tiempos de gran crisis, los humanos son capaces de mostrar una inmensa generosidad y compasión por los necesitados. También vale la pena señalar que durante las grandes crisis mundiales del siglo XX América Latina fue vista a menudo como un refugio, protegida por la distancia y las zonas de violencia de las guerras.