EL MAQUILLAJE EN EL ANTIGUO EGIPTO. ¿LA CUNA DEL MAQUILLAJE?.

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EL MAQUILLAJE EN EL ANTIGUO EGIPTO. ¿LA CUNA DEL MAQUILLAJE?.

ALICE BELLEZA BIENESTAR & MODA ®

 Por Alicia Ortega Alejo.

Esteticista. Quiromasajista. Especialista en imagen personal.

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La leyenda cuenta que, “Cuando Horus (dios Celeste) peleó contra su Tío Seth (dios de la Tormenta) perdió un ojo, por lo que inventó el maquillaje para reestablecer la perfección de su belleza y ocultar su imperfección.

El rito es un universal cultural presente en todas las culturas y en su complejidad refracta dimensiones plurales de lo humano que le otorgan un carácter misterioso y de difícil comprensión. El rito es inseparable de momentos importantes de transición en el ciclo de la vida y se acompaña de ritmo, danza, canto, melodía, música, himnos, percusión, banderas, emblemas, iconos, luminaria, color, hábitos y estética. El rito significa, vehicula sentido, significado y sentido que pródigamente expresan y simbolizan, significado y sentido que requieren de interpretación hermenéutica.

El rito del maquillaje y del cuidado personal son algunos de los legados más insospechados de la cultura egipcia y, contrario a otras raras costumbres en épocas como la Edad Media o el periodo victoriano, algunos de sus rituales aún perduran en la cultura actual y son practicados casi a diario sin que la mayoría se percate que está reproduciendo una actividad que tiene siglos de historia. El uso del maquillaje es notorio en particular del delineado de ojos oscuro que alarga la mirada y la protegía del rayo del sol. Sin embargo, el color rojo en los labios sin duda se formó como una insignia de este maquillaje entre las mujeres. El pigmento se creaba al aplastar y triturar algunos insectos (cochinilla), o al mezclar ocre con aceites vegetales o grasa animal. El uso del color rojo en los labios era altamente peligroso, pues su realización implicaba el aprovechamiento de materiales tóxicos para el ser humano.

Tales materiales tóxicos, como veremos a continuación, contenían ciertas concentraciones de plomo. No se tienen noticias de intoxicaciones saturninas debido, principalmente, a que la vida media en el ser humano de aquellos tiempos era de unos treinta años, tiempo muy escaso para la aparición, por ejemplo, del ribete de Burton en las encías.

Sin embargo si que hay evidencias de la práctica del “sugaring”, que no es más que una forma indolora de depilación que se ha puesto en tendencia en los últimos años. La mezcla incluye el uso de una mezcla de miel y azúcar que se coloca sobre la piel como si se tratara de la clásica cera caliente, por lo que se puede afirmar que el cuidado y la eliminación del vello corporal ya era una “tendencia” en las antiguas egipcias.

El cuidado de la piel, sobre todo en un clima desértico como es el de Oriente Medio, también era preocupación en el antiguo Egipto. Aprovechando su cercanía con el Mar Muerto, las mujeres egipcias aprovechaban sus sales para exfoliar su piel a profundidad antes de realizar cualquier otra tarea como maquillarse. En cuanto a los perfumes, algunas mujeres solían utilizar conos de incienso en sus axilas a manera de desodorante, además de las fragancias eran importantes para la salud. Para crearlas solían utilizar aceites, pero por sobretodo una mezcla importante de especias que creaban aromas casi irresistibles como el uso de lirio, mirra y canela.

Al mezclar aceites con flores u otras especies las mujeres cubrían su piel con estas mezclas para hacer su piel mucho más suave al tiempo que también les ayudaba a oler bien. Alternativamente también se realizaban baños de leche o mascarillas de leche y miel que dejaban la piel completamente tersa. Aunque los conceptos de belleza cambien conforme al tiempo y espacio, no hay duda de la visión estética de los egipcios fue completamente visionaria, pocas modas pueden decir que llegaron para quedarse por más de mil años.

La escultura de la Reina Nefertiti es una de las piezas de arte antiguo que muestra el encanto de la mujer egipcia. En ella se puede ver la concepción del ideal de belleza de los egipcios a través de la forma en que maquillaban sus rostros y los ornamentos que utilizaban. Nefertiti fue la esposa del Faraón Akenatón, padre del reconocido Tutankamón. Su busto fue encontrado en Tell el Amarna, región situada en la ribera oriental del río Nilo. Actualmente, se encuentra en el Museo de Berlín.

El busto fue construido con piedra dura, a través de la técnica del tallado y pulimentado. Mide alrededor de 47 cm. y pesa 20 kilos.

A través de esta obra escultórica, podemos apreciar los rasgos y características que los egipcios consideraban bellos. Un cuello altamente estilizado, unos grandes y bellos ojos almendrados maquillados con Kohl (su color negro se usaba para proteger los ojos de infecciones, seguramente la más temida era el tracoma (chlamidia tracomatis), que, en ausencia de tratamiento antibiótico, dejaba ciega a la persona que lo padecía), acompañados por una pequeña y recta nariz, una piel sin defectos iluminada en un suave tono ocre, y unos labios carnosos y rojizos. Su boca muestra una ligera sonrisa arcaica, la cual encierra grandes secretos. Se ha considerado la “Mona Lisa” del Antiguo Egipto.

En la imagen se observa que le falta una parte de su oreja y la pupila del ojo que está a nuestra derecha. Probablemente, por el desgaste de los años se ha quebrado la piedra que se encontraba en la parte superior de la oreja; pero, en cuanto a la pupila, se ha descubierto que jamás fue colocada en la cavidad del ojo. Los restos de oreja fueron hallados. Por el contrario, no se puede decir lo mismo de la codiciada pupila.

La corona que lleva puesta, es una doble-corona. Representa su poder y autoridad sobre el pueblo. Su frente en alto y su mirada transmiten seguridad y determinación. Fue una mujer luchadora e independiente. Se cree que gobernó el Imperio sola, luego de la muerte de su marido Akenatón.

La escultura es claramente de estilo realista. Los rasgos del rostro y los marcados tendones de la garganta muestran que el artista conocía la anatomía humana en detalle y, probablemente, había realizado algún estudio sobre el tema. El Busto de Nefertiti es la representación de la belleza más perfecta que se da en el Antiguo Egipto.

Los egipcios fueron grandes inventores y descubridores. Lograron desarrollar conocimientos sobre diferentes aspectos de la vida, como la agricultura, la medicina, la astrología y el arte. Los cuidados del cuerpo, en cuanto a su higienización y embellecimiento, también formaron parte de sus intereses y necesidades primordiales.

Es sabido que los egipcios siempre tuvieron una gran preocupación por mantener lo más perfecto y armonioso posible el cuerpo que se les había dado. Esto está relacionado con sus fuertes creencias acerca de la vida eterna. Su concepción del mundo del más allá, era tan física como el mundo terrenal.

La indumentaria también era utilizada como un medio de ornamentación y embellecimiento del cuerpo. Estos hombres y mujeres estudiaron exhaustivamente el cuerpo humano y los medios para conservarlo en su esplendor. Por esta razón, sabían de los beneficios de ciertos animales, plantas y minerales.

Debido al clima en el que vivían, los egipcios tomaban baños varias veces por día. No llegaron a disfrutar de las bañaderas, sino que disfrutaban de un sistema similar al de las duchas actuales.

Las personas de más alto nivel socio-económico eran atendidas por sus sirvientes en los amplios cuartos de baño, en donde disfrutaban de estas duchas. Este efecto se lograba haciendo pasar el agua a través de un cestillo.

La saponaria, una hierba jabonera con aceites perfumados y grasas animales, era utilizada como jabón. A la hora del atardecer, los egipcios se sumergían en las frescas aguas de los estanques centrales que la mayoría de los hogares poseían.

La gente que no podía gozar de estos recursos, tenía que conformarse con los baldes que se llenaban de agua progresivamente a través de vasijas. Una costumbre muy popular era bañarse en el célebre río Nilo. Otros, hacían uso de friegas de arena para remover la suciedad de sus cuerpos.

La Reina Cleopatra se sumergía en baños de leche y miel, a los que les agregaba agua de azahar y manzanilla, para gozar de sus propiedades aromáticas relajantes. Inciensos, aceites fragantes y perfume de rosas eran liberados en el ambiente de su lujoso cuarto de baño.

Los ácidos lácticos exfoliaban su piel; y la miel –compuesta de azúcares como la glucosa y fructosa ayudaban a nutrir y sanar las capas más profundas de la dermis. Además, la miel contiene fitoquímicos que matan virus, bacterias y hongos; y posee un efecto anti-inflamatorio que cura heridas rápidamente.

Las mujeres egipcias eran aún más inteligentes y cuidadosas que las mujeres actuales en cuanto a los cuidados de la piel de sus rostros frente a los agresivos rayos solares.

En contraste, sorprende que en el Antiguo Egipto, la mujer no exponía su cara al sol, sino que prefería permanecer en la frescura del hogar. Hasta las campesinas trataban de salir lo menos posible de sus refugios, y sólo iban a los campos en determinadas épocas de recogida de cosecha.

Aún así, las arrugas llegaban en algún momento. Es por eso que crearon las cremas anti-arrugas que hoy todas conocemos.

Toda la población tenía acceso a las semillas de alholva, cuyo aceite se utilizaba como máscara facial para combatir las arrugas y también, para el que las poseía, eliminar las pecas.

Además, se preparaba un té a base de estas milagrosas semillas que se creía que aumentaba el tamaño de los pechos de las mujeres y la cantidad de leche materna.

Las mujeres que podían disfrutar de otros ungüentos más sofisticados, utilizaban una crema compuesta de bilis de buey y huevos de avestruz. Otra receta que garantizaba milagros rejuvenecedores consistía en mezclar resina de terebínto, cera de abeja, behen fresco, aceite de alholva y hierbas de Chipre.

Se trituraban todos los elementos juntos y se dejaba macerar.

La célebre Reina Cleopatra solía untarse mascarillas a base de oro en polvo combinadas con distintas cremas, para aportar luminosidad al rostro. Cualquiera fuera su elección, el ungüento debía ser untado sobre el rostro diariamente.

Mi más sincero agradecimiento a AINHOA, que ha aguantado las horas de maquillaje necesarias para emular a la reina Nefertiti e ilustrar este artículo.