EL SEÑOR DE LOS MILAGROS DE MANHATTAN

0
28
EL SEÑOR DE LOS MILAGROS DE MANHATTAN

Por Antonio Bolívar

Ni en California, ni en Nueva York. Tampoco en Colombia ni en Portugal. Ni en Sevilla ni en Córdoba. En Guatemala no han procesionado los tronos que competían con Málaga en devoción y longitud de sus andas.

Hace un año las iglesias estaban vacías por el Coronavirus. Hoy se acude con un aforo muy reducido, situando a los fieles al tresbolillo, contemplando un museo de imágenes y cera ardiendo en rápidas visitas a autos sacramentales mudos.

Dios sigue un año más solo entre los muros, como la diosa Vesta, la diosa romana del Hogar, hermana de Júpiter que, en su cella del templo de Claudio Marcelo espera las ofrendas de su pueblo.

La población romana iba alternando sus estatuas: Marte, Venus o el mismo Júpiter, según correspondiera. Era una sociedad politeísta y arrogante, con más de doscientos dioses a quienes idolatrar.

Todas las civilizaciones han destinado muchos recursos económicos a dar perdurabilidad a sus espacios sagrados. La historia de la arquitectura es la historia de las religiones, con sus edificios de estilos espectaculares.

En el templo romano solamente entraba en la nao el sacerdote a entregar las ofrendas. Sin embargo, para el cristianismo, Dios no vive en la Casa de Dios, es su pueblo el que se reúne a rezarle en comunidad.

Cada tiempo tiene sus dioses y sus templos. ¿Cuáles son los dioses actuales? La iglesia es la casa de Dios para los cristianos. Además de escenario para selfis de turistas y lugar de celebración de ritos sociales como el bautismo, las bodas o la despedida de este mundo de practicantes y no practicantes.

A veces no se reza a los mismos dioses. El dios MasterCard, el dios Google, el dios Smartphone o la Televisión a la Carta son como Vesta, nuestros dioses del hogar e idolatramos desde el sofá, enmascarando nuestro pánico al coronavirus.

¿Podemos venerar a Dios y realizar nuestros sacrificios fuera del templo sagrado?

Iglesias muy bellas en España como la del Espíritu Santo de Miguel Fisac o la iglesia de la Sagrada Familia de Antonio Gaudí se llenan todos los días de fieles devotos, es decir, se llenaban. Todas están bastante

despejadas por orden del Ministerio de Sanidad. La iglesia de la Consolación, de Vicens y Ramos, hoy quizás sea la iglesia más sacrosanta de Córdoba, pues es donde pervive un servicio esencial: la adoración perpetua a la presencia del Hijo de Dios, que en estos días quizás se haya sentido aislado.

Las iglesias del coronavirus, por miedo, siguen estando muy vacías, sin beatas, sin pedigüeños en la puerta, sin sacristanas, sin párrocos, sin clérigos de varios colores y continentes.

La OWN informa que los abuelos de Jesús, Ana y Joaquín han sido ingresados en una residencia de personas mayores. El mismísimo Jesús, el que echó a los mercaderes del templo ha tenido en la primavera su entrada triunfal en el set televisivo de Jerusalén.

Este año ha tenido que ser retrasmitida su semana de pasión más fríamente, en streaming, on line. Lejos de la audiencia de las exclusivas entrevistas de Oprah Winfrey. En España tampoco ha sido el personaje más visto, pues no llegó a entrar en el magazín de Supervivientes.

Quizás los televidentes del 2021 no estén menos infectados del egoísmo del virus de la envidia que los judíos del año 1

Semana de Pasión de 2021. Lejos de procesiones, legiones de cornetas y tambores; lejos del fervor católico que inundaba las calles del mundo, el decorado religioso del coronavirus ha mutado, y así es informado por los nuevos reporteros en tiempos atribulados, virtuales y de falsos dioses.

Esperemos que el Señor de Manhattan en el otoño obre un milagro en nuestros corazones.