Falsas propuestas: Biden y el fracking

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¿Cuál es la posición de Joe Biden sobre el fracking?

La pregunta es tremendamente importante debido al alcance del fracking y al impacto económico resultante. La fracturación hidráulica para la obtención de petróleo ha sido el principal impulsor del renacimiento energético de EE.UU. en los últimos 20 años, desde los años de Bush, cuando la dependencia en el petróleo extranjero arrojó un manto omnipresente sobre Washington. Las perforaciones no convencionales de petróleo y gas en todo Estados Unidos han cambiado la forma en que vemos la tabla energética. La producción estadounidense de petróleo y gas se ha duplicado en poco más de 15 años.

En el pasado el “fracking” supo ser una técnica oscura, pero ahora contribuye con casi dos tercios de toda la producción de petróleo crudo de Estados Unidos. La Administración de Información Energética (EIA por sus siglas en inglés) de EE.UU. estima que en 2019, se produjeron más de 7,75 millones de barriles de petróleo crudo por día gracias al fracking en los Estados Unidos.

El resultado de esta ganancia inesperada de producción es que actualmente Estados Unidos es el principal país productor de petróleo del mundo. Como si esto fuera poco la importancia del fracking para el auge del gas natural ha sido aún más profunda, y el producto ha permitido a Estados Unidos emerger como un exportador neto de energía por primera vez en 50 años.

La realidad indica que el fracking estadounidense ha remodelado el panorama energético mundial, proporcionando petróleo y gas asequibles para los hogares, el transporte y la industria tanto a nivel nacional como internacional. Si bien hace poco más de una década los altos precios de la gasolina y las preocupaciones sobre la dependencia del petróleo extranjero provocaron el pánico, en los últimos cinco años los estadounidenses han visto que los precios en el surtidor permanecen más bajos en términos ajustados a la inflación que en cualquier otro momento desde antes de la crisis del petróleo de 1970.

Cortar casi dos tercios de nuestra producción de petróleo dejaría a Arabia Saudita y Rusia como los dos mayores productores de petróleo del mundo, algo que ningún presidente norteamericano querría que pase. Y no hace falta decirlo, pero el efecto directo de la prohibición del fracking en los precios y las consecuencias de segundo orden que afectarían a la economía estadounidense serían nefastas.

Por lo tanto, los estadounidenses están preocupados con la actitud de Joe Biden respecto a este tema. Biden le ha dado razones para preocuparse a los productores, empleados y consumidores de petróleo y gas.

En las primarias demócratas, el exsenador y vicepresidente parecía estar en desacuerdo con la utilización de este sistema de recolección energética y parecía estar en contra de los combustibles fósiles. Empujado por personas de línea dura de izquierda como Bernie Sanders y Elizabeth Warren, Biden parecía estar completamente en contra cuando se le preguntaba sobre el fracking y el uso de combustibles fósiles en general. El presidente electo constantemente expresó su oposición a la técnica de perforación, indicando en múltiples ocasiones que su objetivo sería ponerle fin.

Meses atrás en plena campaña electoral Biden tuvo un cruce con un periodista cuando se le preguntó sobre su plan de petróleo y gas, en el que dijo: “estoy hablando de detener el fracking tan pronto como sea posible. Me refiero a decirle a la industria de los combustibles fósiles que van a dejar de destruir este planeta”.

Y agregó “no más perforaciones en tierras federales, no más perforaciones, incluso en alta mar, no hay capacidad para que la industria petrolera continúe perforando, punto y aparte”.

Pero unos meses después el mismo Biden expresó “no estoy prohibiendo el fracking. Déjame decirlo de nuevo. No estoy prohibiendo el fracking. No importa cuántas veces Donald Trump mienta sobre mí”.

Con Biden ahora listo para convertirse en el 46° presidente de los Estados Unidos, ¿qué podemos esperar realmente? Aunque nos lo ha hecho difícil, una prohibición absoluta parece muy improbable.

Lo que es más importante es que sin el apoyo del Congreso, tal acción no será posible, incluso si la Casa Blanca lo quisiera. La conclusión es que la visión de Biden es incompatible con la productividad continua del petróleo y el gas.