Francisco I el Papa que le dio un giro a la izquierda a la casa de San Pedro

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“¡¡El comunismo es lo contrario al cristianismo!!

El comunismo ha torturado, esclavizado, hambreado y asesinado a cientos de millones de personas inocentes en el mundo.

¡¡Dios nos hizo libres y el comunismo es la opresión y la clausura de todos los derechos humanos!!

Este mal llamado “Papa”, ha venido a promover abominaciones, como el casamiento homosexual, el asesinato de los inocentes no nacidos aún. Ha venido a destruir los principios cristianos, a confundir y hacer que se aparten los creyentes.

¡¡Él representa en sí el mal!!” afirma con estas palabras el economista libertario argentino Javier Milei.

José Bergoglio, Papa Francisco I, era, como se sabe, un cardenal jesuita argentino cuando renunció Benedicto XVI, el cardenal Joseph Ratzinger, a la tiara papal en 2013, algo inédito en la Iglesia católica desde Celestino V en 1294 ya que Gregorio XII (1415) se vio forzado para solucionar el Cisma de Occidente que había mantenido dos Papas durante 40 años (1378-1417).

De un Papa teólogo e intelectual que ha debatido con los filósofos de su época se ha pasado a uno que vivió bien el peronismo en su país natal. Juan Domingo Perón y su esposa Eva Duarte, Evita, construyeron un movimiento político que va más allá de un partido y que sigue manteniéndose, a pesar de sus múltiples cambios ideológicos, desde hace 75 años.

Pocos meses antes de su derrocamiento por la llamada Revolución Libertadora en septiembre de 1955, liderada por los militares, Perón prohibió la procesión del Corpus Christi, pero se celebró en contra de la misma con la participación incluso de socialistas, comunistas y políticos antiperonistas. El gobierno acusó a los católicos de infamar la bandera nacional, detuvo a varios de sus dirigentes y expulsó al vicario y al obispo auxiliar de Buenos Aires.

Perón, que se declaraba católico, al igual que Evita, fallecida en 1952 y cuyo cuerpo embalsamado lleva el rosario que le regaló Pío XII, contrapuso la religión a los curas. Las autoridades eclesiásticas del Vaticano iniciaron un proceso de excomunión al gobierno argentino sin nombrar al presidente de la Nación, porque de acuerdo con el canon del entonces Código Eclesiástico solo el Papa podía firmar una excomunión al máximo dirigente católico de un país, cosa que no ocurrió.

Años después aquella amenaza quedó sobreseída en el Pontificado de Juan XXIII. De hecho, la Santa Sede publicó un documento exculpatorio y el obispo de Madrid dio la absolución a Perón, en su exilio en España, que la recibió de rodillas.

El General siempre había sostenido que sus reformas sociales seguían la doctrina social de la Iglesia y ratificó la enseñanza de la religión católica en las escuelas públicas, en contra del republicanismo anticlerical que venía del siglo XIX, además de conceder financiación para la construcción de Seminarios. Sin embargo, en su segunda legislatura (1952-1955) se enfrentó nuevamente a la Iglesia (prohibió la enseñanza religiosa en las escuelas públicas y las subvenciones a sus escuelas privadas) porque declaraba que la Iglesia apoyaba a las clases dirigentes contrarias a sus reformas sociales, y de hecho respaldaría el golpe de 1955 contra el peronismo. Los aviones que bombardearon la Plaza de mayo y la casa Rosada, en junio de 1955, imitando a los japoneses de Pearl Harbor, masacraron a más de 300 personas, con el fin de matar a Perón, llevaban mensajes pintados como el de “Cristo Vence”.

Años después la Iglesia retomó sus contactos con el Partido Justicialista, en el que se concentró el peronismo porque era una manera de evangelizar a los sectores sindicales donde le resultaba difícil penetrar, y los jesuitas organizaron el Centro de Formación Sindical. Cuentan que Bergoglio tenía buenas relaciones con sectores peronistas y actuó como mediador entre las fuerzas armadas y los sectores reprimidos por la dictadura que se instaló en 1976, sobre todo cuando esta empezó a ser cuestionada y se supo de las torturas y desapariciones de miles de disidentes, como denunció el movimiento de las madres de la Plaza de Mayo y los juicios posteriores a los militares.

Es decir, se asumía de alguna manera la cultura peronista que aunaba a la izquierda y la derecha y la crítica a las políticas económicas aplicadas en Argentina.

De esa manera no es de extrañar que el actual Papa adopte posiciones que parecen contradictorias. Unas veces da la impresión que da la razón a los sectores progresistas y antisociales y otras a los conservadores. Y es que el peronismo es intrínsecamente contradictorio en sí mismo.

Por eso este Papa será recordado aparte de como un error histórico de la iglesia, será recordado por ser un Papa peronista.