La crisis disparada por el Coronavirus destapó una olla que ya estaba a punto de explotar. En Argentina, las consecuencias de la crisis sanitaria empeoraron un panorama de por sí complicado. Hoy, el país está en juego, a un paso de entrar en default, con industrias 100% paradas y con falta de recursos e infraestructura para hacerle frente a los problemas.

Es sabido que uno de los grandes indicadores de la estabilidad del país se da a partir del precio del dólar, moneda que marca el rumbo económico. El dólar blue cotizó este miércoles por la tarde a 127, manteniéndose anclado hace una semana.

Además, los bonos en dólares de la deuda, que están en medio de las negociaciones del canje, caen más de 2%, lo que hace que el riesgo país avance 2,8%, a 2.385 puntos básicos. La última oferta que realizó el ministro Martín Guzmán fue rechazada por los bonistas más duros y se espera algún tipo de negociación hasta el 4 de agosto, cuando vence el plazo para llegar a un acuerdo.

Por su parte, el presidente Alberto Fernández culpó a los sospechosos de siempre: los especuladores. Dijo que no hay ningún “argumento lógico” para la presión sobre la divisa y lo vinculó a la negociación para evitar el default. Sin duda ese punto suma a la incertidumbre. Pero el presidente lo planteó como una conspiración en contra del gobierno. “Los acreedores tienen cómo molestar en la economía interna”, afirmó. Asimismo, sumó a los supuestos vende patria: “Tienen mucha gente en Argentina que actúa al servicio de ellos”, dijo.

Las maniobras del gobierno son siempre iguales: suba de impuestos a la sociedad (que afecta en su mayoría a la clase media, como el impuesto del 30% sobre compras en el exterior) para evitar así tener que tocar a las corporaciones estatales, el clientelismo y la campaña electoral permanente que se sostienen con el gasto público.

En el marco de la crisis sanitaria causada por el Coronavirus, tanto el gasto público como la negociación de la deuda se fueron de control, haciendo que el foco pase por otras cuestiones, sobre todo en la salud. Pero también hay que tener en cuenta que ante una crisis como la que estamos atravesando, con una cuarentena extrema y larga como pocas y un país debilitado por 12 años de inflación y ocho años de recesión, Fernández hizo y hace lo que puede con los recursos disponibles.

Sin embargo, la contracara de toda esta crisis es que emitir pesos sin límite y mientras se cierra el cepo cambiario a su versión más extrema tarde o temprano va a crear un desbalance brutal: toneladas de pesos de un lado y un fajito de dólares del otro. El derrumbe de pesos, tarde o temprano, es inevitable. Salvo que el gobierno los saque del mercado, cosa que no permite la crisis del coronavirus.

Nadie sabe ni cuándo no cómo va a terminar esta crisis. Tampoco si vamos a poder hacerlo con la frente en alto o con una mano por detrás, esperando a que, con el tiempo, las pérdidas (de vida, de empresas, de recursos) no sean tan graves como se esperan.

 

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