Sputnik V: llega para aliviar o complicar la situación

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En la Argentina, la vacuna contra el Covid-19 danza alrededor de las ideologías populistas. El país es una de las diez naciones del mundo más afectadas por la pandemia. Más de 41.000 personas han muerto ya y se han infectado alrededor de un millón y medio de argentinos. “Todos los días se nos caen entre uno y dos aviones”, suele decir un reconocido infectólogo en alusión al número de muertos diarios por el coronavirus y a los que podría haber si los aviones se cayeran.

El mundo está entrando en un espacio de cierta esperanza con las vacunaciones masivas que ya comenzaron en Estados Unidos, Chile, Colombia, Brasil y que se iniciarán en Europa en los próximos diez días, con la excepción de Gran Bretaña, donde ya empezaron.

La Argentina no tiene derecho a esa esperanza. El Gobierno se aferró a la vacuna rusa, que no es aplicable por ahora a los mayores de 60 años, y tiene la relación congelada con la farmacéutica norteamericana Pfizer, que produce junto con el laboratorio Moderna las vacunas más eficientes comprobadas hasta ahora. El gobierno de Alberto Fernández firmó un acuerdo con el prestigioso laboratorio británico AstraZeneca en sociedad con el empresario farmacéutico argentino Hugo Sigman. Las investigaciones se empantanaron por errores propios y por reacciones negativas en dos voluntarios, aunque todavía no se comprobó que fueron consecuencias de la vacuna. Lo cierto es que esa vacuna no estará en tiempos inminentes. El país quedó atrapado en el peor de los mundos.

El problema con la vacuna rusa no es ideológico. Podría ser una buena vacuna. Pero no hay pruebas de que sea buena o mala porque no se presentó para pedir autorización en el ente regulatorio de medicamentos de los Estados Unidos (la FDA) ni en el europeo (el EMA). Tampoco lo hará. El gobierno del autoritario Putin desprecia a esos destacados organismos de control sanitario. Sus primeros clientes son Venezuela, Irán, Irak, Paquistán y algunas antiguas repúblicas soviéticas. De alguna manera, la cuestión de la vacuna se refleja en el espejo de la política exterior que propicia Cristina Kirchner. La madrina de la vacuna rusa es Cristina, ella estuvo al lado de Putin cuando este atravesaba su peor momento de aislamiento internacional; fue cuando el líder ruso despojó a Ucrania de la península de Crimea. “Crimea es de Rusia”, afirmó, tajante, la lideresa argentina. El mundo occidental había aislado a Putin por la decisión de usar la fuerza para conquistar nuevos territorios. Uno de los delfines preferidos de Cristina, el gobernador Axel Kichilof fue quien le dio la patada inicial a la compra de la vacuna del régimen de Putin.

El inconveniente más importante de esa vacuna es que no es aplicable, por ahora, a las personas mayores de 60 años. El 73 por ciento de los más de 41.000 muertos argentinos por el Covid-19 tenían más de 60 años. Las 300.000 dosis de la vacuna rusa que llegarán serán simbólicas, por la escasez del número y porque cubrirán solo a las personas con menores riesgos. Fue el propio Putin el que hizo el anuncio de que la vacuna de su país no sirve para las personas de más de 60 años y, para abundar, dijo que él, de 68 años, no se la aplicará hasta que no esté autorizada para esa edad. Putin hace una sola conferencia de prensa anual al final de cada año. Al presidente argentino le tocó esa conferencia justo cuando él pregonaba que la vacuna rusa se aplicaría aquí antes de diciembre y “a las personas de más de 60 años”. Mala racha.

La vacuna llegó a la argentina forzosamente sin acreditaciones y autorizaciones hechas en tiempo y forma respetando los protocolos sino en los tiempos políticos. Los tiempos del gobierno quien hace meses perdió el control de la pandemia y quiere frente a la nación reivindicarse de alguna manera.

El presidente Alberto Fernández es blanco a diario de las duras críticas en las que se le acusa de ser un simple títere de la vice presidenta, de ser un lacayo y casi un bufón de corte. Quien hace unos días fue sujeto de críticas el propio presidente y su gabinete quien en breve recibirá los cambios que conformen a Cristina Kirchner.