Por Antonio Bolívar

En poco más de un siglo, dos mil millones de coches circulan y aparcan en el mundo. Según las estadísticas, cada veinte años se ha ido duplicando el número de vehículos. 2.000.000.000 de coches que esperan llevarnos con las ruedas a cualquier lugar.

Bueno, a cualquier lugar ya no. En Europa, es más complicado. Sus ciudades compactas se han quedado sin sitio para aparcar, aunque en USA los coches aún caben en sus ciudades.

Frente a las restricciones de circulación en los centros históricos del viejo continente, para poder andar o bicicletear, total libertad de movimientos para el carro en amplias avenidas americanas.

Las intrincadas calles medievales no se encuentran en las ciudades estadounidenses, que se han generado a partir de un recuadro de pradera o de desierto. Con cierto eclecticismo, después de la guerra mundial, USA produce un modelo exitoso de casa suburbana. Una casa aislada insertada en una trama sin densidad, sin escatimar espacios y distancias. Imposible la saturación del tráfico por más que la GMC o la Ford fabrique miles de vehículos. Los coches no estorban, son los reyes del asfalto. No hay andantes.

En cambio, en Europa ha prevalecido la misma malla de viarios y edificios, desde siglos. En el mismo sitio, renovándose las construcciones sobre sus propios cimientos. Edificaciones adaptadas al soporte de la civilización anterior.

Y desde el siglo XX, las calles del viejo continente se van colmatando de coches, que ocupan los espacios más insospechados, cualquier holgura entres edificaciones.

En USA también son artefactos adorados como dioses, pero no hay problema para aparcar.

Las urbanizaciones dispersas, según el modelo living California, permiten estacionar todos los coches que se desee. Al contrario que en Japón, donde se ha llegado al punto de no poderse comprar un coche quien no demuestre tener un aparcamiento.

En USA es difícil caminar. Su urbanismo actual está pensado para ir en coche. No hay pasos de peatones, ni semáforos, ni vados accesibles. Es impensable ver un bastón blanco de invidente por las múltiples trampas al paso del hombre. Prácticamente está impedido caminar con seguridad.

En esto, las calles europeas son más humanas y amables cuando logran bajar los coches de las aceras, poner una alfombra mágica lisa a la misma altura del peatón.

En USA todo no está bien ni todo está mal. Las nuevas urbes célebres no son las ciudades ex novo de Asia al estilo Brasilia o New York. Los chinos también se han equivocado creando paisajes fantasmas, poco eficientes.

España durante 300 años dejó su huella y una influencia decisiva en el urbanismo y el territorio de USA, desde que Ponce de León descubrió la Florida, fundando ciudades importantes norteamericanas como San Agustín, Monterrey, Panzacola o Nueva Orleans. Y de estas a centenares de miles, donde no había mas que tiendas indias.

¿Se pueden revitalizar bien nuestras urbes? No se trata de reproducir villas medievales en parques temáticos, si no, la escala humana de ciudad, la ciudad que los arquitectos españoles transpusieron desde la otra orilla del Atlántico.

En América late el corazón español, a un lado y al otro del Mississippi, desde hace cinco siglos. Ese espíritu colonizador, que erigió ciudades al estilo europeo y que parece

que empieza a resurgir con notables ejemplos. Un germen que servirá para replanificar municipios con calles estrechas, plataformas únicas, bancos, plazas con vegetación y pájaros, donde los coches solo se usen para conectar ciudades, y no para hacer trayectos cortos.

Será un nuevo paraíso para un animal bípedo, como el hombre, un nuevo hombre que sepa usar el coche y sepa caminar, relacionarse con su entorno, con los demás, sin prisas, sin contaminación, sin ruido; a pesar de la pandemia y de las distancias. Donde no esté prohibido caminar.

Antonio BeGe. Arquitecto

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